Acabo de volver.
No recuerdo si algún día me sentí más sola.
Mensajes al móvil previamente prefabricados, vestidos y trajes de etiqueta ridículos, conversaciones vacías con familiares,promesas para el año que entra, que en realidad son las no cumplidas del año anterior, comida que refleja nuestra opulencia y tendencia a consumir, seguimiento de una tradición que fué impuesta por una superproducción de uvas, sonrisas fingidas y gestos ensayados, discusiones idénticas a las del año anterior.
Cenas y reuniones que deben ser obligatorias en estas fechas, pero que el resto del año están fuera de lugar, regalos alimentando una ilusión infantil, que acabará con sueños rotos y probablemente una gran decepción.
Bienvenidos niños, está es la primera gran mentira, acostumbraros, después vendrán muchas mas.
Jóvenes tirados en la calle a altas horas de la madrugada, dos ambulancias en diez kilómetros, consumo irracional de drogas, tanto duras como blandas, macrodiscotecas repletas de gente, barras libres en las que es imposible consumir...
Y todo en una sola noche.
Odio estas fechas mas que a mi misma.
Vacío. Solo queda vacio en mi interior.
¿De verdad hay algo que merezca la pena?